mmm...creo que tanta cordura me ha hecho un lio...

como todos los domingos por la mañana, y mucho más desde que tengo vida laboral, estaba yo leyendo el periódico y todas las revistas que le acompañan cuando entre suceso y suceso, y aniversario de suceso (que cosas, como pasa el tiempo...), me he topado con una cosa curiosa, una nueva forma de habitación... resulta que a uno de los millones de arquitectos que poblamos (y despoblamos) el mundo se le ha ocurrido crear un singular hotel, en el que las habitaciones son tubos de hormigón equipados con lo "imprescindible": cama, electricidad, conexión a internet... (parece que no podemos vivir sin estas cosas). el resto de cosas imprescindibles, tales como el baño y la ducha, se encuentran fuera, en edificios comunes destinados a ello. lo gracioso de los tubos, es que pueden variar su posición en función de las vistas que prefiera el huespéd (digo yo que si no abres la puerta pocas vistas tendrás) y tan sólo hace falta alquilar una grúa para mover la habitación hasta el sitio deseado.
(más información aquí)
a mis compañeros del gremio puede que no les parezca extraño, tan acostumbrados como estamos a ver este tipo de cosas (y más extrañas todavía) en las revistas, pero quizá al resto sí. tal y como vamos, en estos tiempos en los que nuesta generación de mileuristas no podemos ni siquiera permitirnos pagar 1 m2 de espacio vital (creo que no podemos pagar ni 30 cm2 en según que lugares), quizá la solución sea reutilizar elementos cotidianos y adaptarlos para la vida en ellos....
¿hasta dónde llegaremos? ¿acabaremos viviendo en un tonel como el chavo del ocho?
- yo tenía que haber sido pez.
- y yo tenía que haber sido lluvia.
...
...¿nos juntamos en el mar?...
hacia abajo, podrían ser de lenguas. pero aún así siguen siendo torres, lo mires por donde lo mires, como todo. esbeltas, elegantes e incomunicadas. pero al mismo tiempo toscas, frágiles y vulnerables a cualquier chispa que se precie.
tan insignificantes , y tan importantes.
por qué nos concentramos en destruirlas?
por qué matamos por estar arriba y no nos preocupamos de lo que pasa abajo?
no es mejor ocuparse primero de los cimientos?
hace días que no escribo. quizá porque no tenía nada que decir, o seguramente porque no tenía ganas. este año, he estado más antinavideña que nunca. porque estaba apática, porque la situación no estaba para fiestas, porque veía como el año iba a acabar igual que empezaba, y porque no tenía niguna ilusión especial por ser navidad...de hecho, mi último borrador era un post con este título, sobre la ilusión y los ilusos como yo... pero con otra visión diferente...la de la enfermedad de la ilusión, y la desilusión. la de los duendecillos que traen ilusiones, aunque a veces se las llevan tan pronto como han llegado...
pero bueno, desde ese borrador ha llovido mucho (ha hecho más frío diría yo). han pasado algunas cosas, y otras no. he pensado, y no he pensado. y no he actuado. y lo he hecho. y ahora mismo no sabría decir si soy una ilusa o no...lo que sí se es que me he encontrado con la ilusión, nos chocamos por la calle.quizá fue porque me buscaba, o porque yo no veía bien y me tropecé. pero nos encontramos. no sé cuanto rato estaré con ella, pero lo importante es que la encontré.
hace ya tiempo dije que mi vida es como una montaña rusa, tan pronto estoy abajo como doy un giro y me encuentro en las alturas...y no se donde estoy. no tengo remedio, ni termino medio. ahora es uno de esos momentos. no se cuanto durará (seguramente poco, porque dentro de unos días me vendrá la depresión de los 25) pero espero que más que antes, y que a partir de ahora sea de esas montañas que bajan un poquito, y paran, pero que se recuperan, y van cada vez más arriba.
Hay algo que da esplendor a cuanto existe, y es la ilusión de encontrar algo a la vuelta de la esquina.
Gilbert Keith Chesterton

o también punto de partida. desde aquí puedes seguir cualquier dirección, hacia cualquier parte. al principio es difícil saber hacia dónde ir, por eso la mayoría toma una dirección un poco al azar, un poco por intuición. muy pocos saben con seguridad hacia dónde se dirigen.
pues bien, una vez tomada una dirección, toca avanzar. avanzas y avanzas, y recorres pequeñas o grandes distancias, acumulando kilómetros y kilómetros. existe la posibilidad de que el camino te guste, y que cada vez avances más rápido, o de encontrarte piedras, con las que tropiezas, o algunas que no te dejan pasar. es entonces cuando te planteas si llevas la dirección adecuada o no. puedes intentar esquivarlas, aunque a veces resulta necesario volver al principio, poner el cuentakilómetros a cero y retomar el camino, esta vez en otra dirección. aunque hay que tener cuidado, porque mi padre dice que en algunos sitios intentan engañarte y te ponen el cuentakilometros a cero, pero en la mayoría de los casos ese cero esconde un motor viejo y cansado al que es imposible quitarle kilómetros. por eso no hay que fiarse de todo el mundo, es mejor cambiarlo uno mismo, o dejarlo tal y como está.
resultaría muy útil tener una brújula que te dijese cuál es el camino adecuado desde el principio, pero esas soló las encuentras cuando ya estas en ese camino, así que su función no es tan útil. además, el tránsito por la dirección adecuada también aporta cosas buenas. yo tenía un profesor, que decía que todo lo que vamos aprendiendo, lo metemos en una mochila, que siempre llevamos con nosotros. nunca sabemos cúando vamos a utilizar las cosas que llevamos, pero cuánto más llena esté, mejor. y ese mismo profesor también decía que siempre se aprende cuando vamos de vuelta, así que parece que no es tan malo equivocarse de dirección.
hace poco que visité el kilómetro cero (el auténtico) y me puse a pensar. llevo tiempo queriendo volver a este punto, pero no me acabo de decidir. miles de sitios a los que ir, miles de cosas que hacer y ni siquiera sé por dónde empezar. sólo sé que no puedo perder el tiempo en pensar ni en esperar a nada ni a nadie. ahora toca actuar.
así que he puesto mi cuentakilómetros a cero, he cambiado las ruedas, y he conseguido una buena manta y unas cadenas, que me protejan de los imprevistos invernales. estoy preparada para lo que me pueda encontrar. ya es hora de arrancar.





